Esta era una muchacha a la que le gustaba mucho la fiesta brava. Se había especializado en el conocimiento de los toros de lidia, y a tanto llegaba su saber que podía decir a cuál ganadería pertenecía un burel con sólo tocarle sus atributos de toro, y sin necesidad de ver la marca o fierro. Cierto día un caporal le mostró el encierro que se lidiaría el siguiente domingo, con reses provenientes de ganaderías diversas, y la retó a que adivinara la procedencia de los animales. Ella empezó a tocarlos, al tiempo que iba diciendo con absoluta certidumbre: "Este toro es de Zotoluca... Éste es de Piedras Negras... Éste viene de Atenco... Éste es un Tepeyahualco... Éste es de San Mateo... Éste de Corlomé". "¡No le falló a ninguno! -exclama con asombro el caporal-. ¡Cuando regrese a mi pueblo y cuen