EDITORIAL miércoles 10 de sep 2008, 9:18am - nota 7 de 10

En busca del origen de todo

Francisco Amparán

EL COMENTARIO DE HOY

El día de hoy será histórico para las ciencias físicas. Quizá en estos momentos empecemos a desentrañar muchos misterios, responder múltiples preguntas sobre qué es el Cosmos, cómo empezó, qué tan complejo es. El día de hoy se efectúa la primera prueba del Gran Colisionador de Partículas, una máquina monstruosa, consistente en un túnel toral de 27 kilómetros de longitud excavado a cien metros de profundidad y que consume la energía eléctrica de una pequeña ciudad.

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El Gran Colisionador es, como su nombre lo indica, una máquina para provocar colisiones. En un túnel con forma de llanta, en sentido contrario se aceleran haces de protones a velocidades cercanas a la de la luz, utilizando gigantescos imanes para que den la vuelta (y sigan agarrando vuelo), hasta que finalmente chocan… imitando las condiciones que tenía el universo una millonésima de segundo después del Gran Pum (o Big Bang, según el término más común). De acuerdo a las partículas que se desprendan (y que serán captadas por detectores de enorme complejidad y costo), se podrá tener una idea de qué ocurrió en aquellos momentos clave. Y qué partículas previstas por la teoría, pero nunca observadas en la realidad, puedan surgir. Incluida una que respondería a una pregunta que la física nunca ha podido responder: ¿por qué la materia tiene masa?

El Gran Colisionador fue construido por un consorcio paneuropeo y americano en las cercanías de Ginebra. De hecho, el túnel pasa por debajo de la frontera entre Suiza y Francia. En su construcción, que ha tardado años, se han invertido toneladas de dinero, nadie sabe exactamente cuánto. Al parecer, el precio del juguetito anda por ahí de los diez mil millones de dólares. Constituye una maravilla de ingeniería y de la electrónica destinada a jugar a los carritos chocones con partículas subatómicas, y observar qué es lo que sale de ahí.

Por supuesto, a mucha gente todo ello le parece un absoluto dispendio de tiempo y dinero. Las objeciones son las típicas: ¿Habiendo hambre en el mundo, para qué gastar tanto en cosas que ni se pueden ver? ¿Cuál es la utilidad de saber qué ocurrió cuando se separaron la materia y la energía? ¿A mí qué rayos me importa si hay más partículas subatómicas de las que se han podido observar? Y una menos típica, pero que no dejó de escucharse: ¿Y si el choque de protones crea un Agujero Negro que devore a la Tierra?

Esto último es improbable. Que la Tierra se termine por un accidente en un experimento de física de partículas es tan improbable como hallar un político mexicano con sentido de la vergüenza. ¿Y las otras preguntas? Bueno, el hombre siempre ha querido saber, indagar, investigar, comprender. Y el origen y composición del Universo es un área básica del conocimiento. Además, nunca se sabe cuándo algo aparentemente inútil será útil. El primer ocioso que descubrió las propiedades de los semiconductores no imaginó que en base a ellos se construiría la civilización de nuestros días.

Así que no desesperen. Quién sabe qué produzca el mentado colisionador. Quién sabe si lo descubierto tenga aplicaciones prácticas inmediatas. Pero de ahí saldrán cosas interesantes, eso que ni qué. Oh, sí. De eso no hay duda.

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