EDITORIAL miércoles 10 de sep 2008, 9:17am - nota 5 de 10

Desaparecidos en Pachuca

Por: Miguel Ángel Granados Chapa


PLAZA PÚBLICA

Entre el 7 y el 8 de agosto, hace ya más de un mes, desapareció el agente de la Policía Municipal de Pachuca, Salvador Juárez Coiffier, sin que se conozca su destino, y sin que al parecer haya interés en su corporación y en el Ministerio Público por indagar su paradero. Su caso, así, estaría condenado a la misma suerte del de cuatro agentes policiacos más, de los que nada se sabe después de su desaparición.

Juárez Coiffier, de 35 años de edad, había sido taxista y miembro de la Policía Bancaria antes de ingresar a la Policía Municipal de Pachuca. Ocupó el octavo lugar en una promoción de cien elementos a los que se ofreció capacitación y su grado es de policía segundo, a cargo de una patrulla a quien solía acompañar una escolta. Durante un tiempo estuvo a las órdenes de Marcelino Lara Pérez, comandante Mercurio en la jerga policial, que en diciembre pasado renunció a su cargo, al parecer para ingresar, o descararse como miembro de una banda delincuencial. El seis de abril pasado, tras un ajuste de cuentas entre narcomenudistas, y al cabo de una persecución en la ciudad de Pachuca, Lara Pérez, el ex comandante Mercurio cayó abatido de siete balazos disparados por sus ex compañeros de corporación.

Al anochecer del jueves 7 de agosto, Juárez Coiffier conducía la patrulla 602 en la calle de Guerrero, una de las más concurridas de la parte vieja de la capital de Hidalgo, cuando se le solicitó ayuda para vigilar un establecimiento comercial cuya cortina de acero no cerraba. Puesto que debía permanecer en un sitio fijo, su escolta fue llamado a acompañar a otro patrullero. Permaneció solo en el lugar donde fue requerido y luego se retiró, tal vez obedeciendo una orden o atendiendo un llamado. Horas más tarde, la patrulla a su cargo apareció estacionada en el Parque Hidalgo, cerrada, con las pertenencias del oficial, y varios envases de cerveza, unos vacíos y otros sin consumir. Sin saber que Juárez Coiffier es abstemio, podría ser que se pretendiera sembrar indicios de que incumplía sus deberes bebiendo en horas de servicio.

Temprano el viernes, un miembro de la Policía Municipal buscó personalmente a Juárez Coiffier en su domicilio, aunque a esa hora no concluía todavía su turno, e hizo saber a su esposa que se había encontrado la patrulla abandonada. La señora Esmeralda Hernández Cabrera acudió entonces a la sede policiaca y el secretario de Seguridad Pública municipal, Isidoro González Blanco le sugirió esperar 72 horas antes de denunciar la desaparición de su esposo, pero ello prefirió hacerlo de inmediato, el viernes ocho. Mientras tanto, la patrulla había sido llevada al cuartel de la Policía Municipal, contraviniendo las reglas del procedimiento penal que ordena dejar intactos los lugares y objetos relacionados con un probable delito. Se procedió de ese modo por órdenes del comandante de la Policía Municipal, Mauricio Delmar Saavedra, que ocupa ese cargo desde marzo de 2007.

Delmar Saavedra fue el conducto para que al día siguiente el presidente municipal de Pachuca, Omar Fayad, se entrevistara con la esposa, la madre y los hermanos del agente desaparecido. En una cafetería del Sur de la ciudad (era sábado y el alcalde no iría a su oficina) Fayad conoció las preocupaciones de la familia y consiguió que el procurador, José Alberto Rodríguez Calderón, recibiera a la señora Esmeralda al día siguiente, domingo, en la agencia del Ministerio Público adscrita a la Policía Municipal. Delmar había dicho a sus familiares que Salvador había sido víctima de un “levantón”, lo cual fue comentado por la señora al procurador y éste, al decir de ella en su declaración ministerial, comentó “que es muy raro, y que hay algo en la Municipal, ya que mi esposo no abandonó su trabajo y que se llegaría hasta las últimas consecuencias, y que no me preocupara porque mi esposo tiene que aparecer”. En esa misma declaración la señora Esmeralda recordó que su esposo “hace como tres meses detuvo junto con otros compañeros a unas personas con droga y dinero… y las trajeron a la PGR, y yo le decía que ya se saliera de trabajar”.

No obstante el llamado del alcalde al procurador y el ofrecimiento de éste a la esposa de Salvador, éste no aparece ni camina la averiguación previa, sobre la cual se dan informes de modo displicente a la familia. Una pieza clave en la indagación, la lista de llamadas hechas o recibidas por el desaparecido la noche del jueves y la madrugada del domingo no ha sido recabada no obstante que fue solicitada el once de agosto a la empresa que provee el servicio de comunicación.

Tal negligencia explica por qué el secuestro o los “levantones” o la desaparición forzada de personas se han convertido en un azote para la sociedad hidalguense. Según cálculos de la prensa local llega a 32 el número de personas desaparecidas en Hidalgo en los tres años del Gobierno de Miguel Ángel Osorio Chong. Cuentan entre ellas Gualberto de la Cruz Ortiz, de 13 años de edad, del que no se sabe desde el 21 de marzo de 2007, y el más reciente caso de Enrique Gabino, de Mineral del Monte, desaparecido el 12 de julio de este año, después de que asistió a un concierto. Tres agentes policíacos de Pachuca antes que Juárez Coiffier, y uno más después, y otro de la Policía Municipal de Apan, figuran en la lúgubre relación de desaparecidos.

Como lo ofreció el procurador Rodríguez Calderón a la esposa de Juárez Coiffier, éste tiene que aparecer, y para ello debe llegarse “hasta las últimas consecuencias”.

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