La personalidad de Ebrard es muy marcada. Consiste en no tener personalidad. No hablo, claro, de su apostura física, que es la de un galán de cine, ni hablo tampoco de sus trajes de lujo y sus accesorios de moda. Me refiero a su personalidad política, a la cual ha renunciado por mantener su obediencia a las tribus radicales del PRD y a su capitoste principal, López Obrador. Con esa actitud Ebrard está hipotecando su futuro político, si me es permitida esa expresión inédita. La encuesta realizada por el Grupo Reforma muestra muy claramente que el gobernante del Distrito Federal ha ido perdiendo popularidad entre sus gobernados y que no goza ya del nivel de credibilidad que antes tenía. Desde luego en el DF los números pueden cambiar de la noche a la mañana. Si un buen día don Marcelo amanec