EDITORIAL lunes 8 de sep 2008, 9:01am - nota 8 de 10

Características de una persona normal

Por: Jacinto Faya Viesca


Palabras de poder

Creo, que la abrumadora mayoría de nosotros, a veces nos preguntamos si nuestra forma de sentir y de actuar es propia de una persona normal, o si por lo contrario, responde a un individuo que sufre de algún trastorno emocional.

Karen Horney, una de las más brillantes psiquiatras desde que Freud inventó el psicoanálisis, nos da algunas referencias atinadísimas sobre lo que es una persona normal, y la que no lo es. Para Horney, existen dos características que nos es posible apreciar en cualquier trastorno afectivo, sin necesidad de conocer íntimamente la estructura de la personalidad: primero, cierta rigidez en las reacciones, y segundo, una estimable discrepancia entre las capacidades del individuo y sus realizaciones.

Por “rigidez de las reacciones” Horney entiende “la ausencia de la flexibilidad que nos permite reaccionar de diversas maneras frente a diferentes situaciones”. Por ejemplo, una persona normal abriga sospechas, pero sólo ante razones suficientes que justifiquen esas sospechas. En cambio, una persona que sufra de un trastorno emocional, abriga sospechas de manera frecuente sin razón alguna.

Cuando una persona normal recibe un elogio, inmediatamente capta si ese cumplido es sincero o falso. La persona con un trastorno emocional, por lo general, no puede distinguir si el elogio es sincero o no, y sin mayores razonamientos puede rechazar el elogio. La persona normal tiende a incomodarse y aun a sentir enojo cuando se le trata de imponer algo sin justificación alguna. Y la persona con un trastorno afectivo, rechaza cualquier pretensión de otro de imponerle alguna cuestión, pero además, aun cuando esté convencido de que se le quiere imponer algo porque es “para su bien”; aun en este caso, reacciona con malevolencia, y es que toda persona con un trastorno afectivo padece de una seria debilidad emocional, por lo que cualquier intento de imposición lo siente como un insulto, aun cuando sea para su propio bien.

Y sobre este particular, casi siempre nos equivocamos cuando pretendemos imponerle algo a un individuo que padece este tipo de trastorno. Y nos equivocamos, porque no nos damos cuenta que estas personas estiman en muy poco nuestras presiones para “su bien”, y en cambio, estiman en alto grado nuestra presión, percibiéndonos como tiranos. Son tan frágiles, que preferirán hundirse en una determinada situación, a ser ayudados bajo presión. ¿Qué no recordamos la frase, “es que no se deja ayudar?”. No es que no se deje, sino que no puede dejarse ayudar bajo presión. Por esto, nos resulta tan difícil entablar relaciones armoniosas y perdurables con personas que padecen de trastornos emocionales.

Otra característica de toda persona normal consiste en que puede sentirse indecisa a veces ante decisiones importantes que tenga que tomar. Su indecisión le viene por su serio sentido de responsabilidad y porque sopesa con mucho cuidado las buenas o malas consecuencias de la decisión que tome. Por lo contrario, la persona con un trastorno emocional, siempre está indecisa, y cuando decide no, es en base a su sentido de responsabilidad y al hecho de que haya medido las consecuencias de su decisión; más bien, decide para descansar del tormento de su indecisión.

Una persona normal pudiera no rendir lo suficiente en relación a sus capacidades, cuando es atribuible a factores externos que no le ayudan a explotar sus talentos y conocimientos. Los ejemplos en este caso son innumerables: un niño con capacidades enormes para la música, matemáticas, pintura, que vive en una aldea pobrísima; un científico que trabaja en un país que no otorga condiciones para el desarrollo de la ciencia de ese científico; una persona dotada excepcionalmente para las ventas, que vive en un país empobrecido y aislado de las demás naciones; un profesor con cualidades excepcionales, que tiene necesidad de tomar otro tipo de trabajo, en virtud de que tiene un hijo enfermo, etc.

Pero, cuando una persona muy bien dotada no rinde lo que pudiera rendir contando con las circunstancias adecuadas, estaríamos hablando de una persona que sufre de un trastorno emocional.

Critilo nos dice, que lo mismo sucede en el caso de la felicidad: muchas personas no pueden ser felices por el hecho de que sus circunstancias no se lo permiten: pobreza extrema, incapacidades físicas, guerra civil, enfermedades personales, etc. Pero cuando una persona tiene las circunstancias a su favor y no logra ser feliz, se debe a su trastorno afectivo. Las personas que padecen de este tipo de trastorno agregan un factor adicional a su infelicidad: que se dan plenamente cuenta de que son ellos mismos un obstáculo para su normal desarrollo personal.

¡Si sufrimos un trastorno de este tipo, mucho podemos hacer a nuestro favor: ahí están los especialistas de la salud mental, nuestros amigos, y nosotros mismos, para ayudarnos!

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