TORREÓN, COAH.- Son las 2 de la tarde del sábado 21 de junio. El señor Carlos Ortiz Galindo recibe una llamada en unos de sus locales comerciales del centro de esta ciudad. Una voz poco familiar emana del auricular: “soy Jesús Figueroa, su cuñado, de Los Ángeles (California), estoy aquí en un retén en Samalayuca (Chihuahua), iba para Torreón, les quería visitar de sorpresa, nada más que me detuvieron por traer una pistola que quería vender por allá... para dejarme ir me piden mil dólares y yo traigo nada más dos money order, nada en efectivo”. Ortiz Galindo no parece muy convencido, pero el nerviosismo se apodera de él.
—Mándenme el dinero, por favor, yo se los pago llegando allá— solicita Jesús y posteriormente, pregunta: “¿donde está mi hermana?”.
&