
Grasa, trapo, cepillo y una sonrisa, son para Rubén Darío Escobedo las herramientas de trabajo que durante 21 años lo han acompañado en la Plaza de Armas, a ejercer un arte, como él llama al oficio que heredó de su padre y que orgullosamente le ha dado para comer y sacar adelante a su familia, la boleada.
Desde los 11 años Rubén Darío empezó a sacarle brillo a la vida, literalmente, a sus 32 años ha ejercido temporalmente otros oficios como la carpintería, la plomería y la pintura, pero nada que lo ponga tan feliz y lo haga sentir orgulloso, como una buena boleada, mientras entretiene a sus clientes con una sonrisa y el análisis noticioso del acontecer lagunero, que lee en los diarios antes de poner a funcionar su puesto a las 8:00 de la mañana.
Por más de dos décadas Rubén también ha s