Aquello fue un milagro médico que llamó la atención del mundo entero: doña Nonilia, señora de 90 años, dio a luz un bebé. Cuando la feliz madre y su robusto crío estuvieron ya en su casa, las asombradas amigas de la parturienta acudieron a conocer al niño. “Voy a traerlo” -dijo ella. Regresó, pero sin el niño. “Esperen un poco” -les rogó. Siguió un rato de conversación, y ellas pidieron otra vez: “Por favor, ya enséñanos a tu bebé”. Salió otra vez doña Nonilia, y volvió de nuevo sin su hijo. “Esperen otro poco” -les pidió. Pasó media hora, y las amigas renovaron una vez más su petición: “Venimos a conocer a tu bebé. ¿No nos lo vas a mostrar?”. Responde ella, apenada: “Para que pueda yo enseñarles el bebé tendremos que esperar a que llore”. “¿A que llore? -se sorprenden todas-. ¿Por qué?”.