La señora despertó en su cama a medias de la noche. Le dice a su marido, que estaba acostado a sus espaldas: “Pitoncio: me estás haciendo el amor ¿verdad?”. “No -responde el tipo-. ¿Cómo voy a hacerte el amor, si estás dormida?”. “¿Cómo puedes negarlo? -insiste la señora-. Me estás haciendo el amor. ¿Acaso crees que no siento?”. “Te digo -repite el esposo-, que no te estoy haciendo el amor”. “Claro que me lo estás haciendo -vuelve a afirmar ella-. No me tomes por una tonta”. “Está bien -reconoce por fin él-. Sí te estoy haciendo el amor. Pero ya me voy a quitar”. “¡No te quites! -pide ella apresuradamente acomodándose bien-. Eso no me disgusta. Lo que me molesta es que me lleves la contraria”... Dos compadres bebían en un bar. Uno de ellos se veía triste. “¿Qué le sucede, compadre? -le pre