Dulcilí, muchacha ingenua, se iba a casar. Su mamá le advirtió: “Nunca debes perder el pudor. No dejes que tu marido te vea sin nada encima. Siempre ponte algo cuando vayas a la cama con él”. Se llevó a cabo el matrimonio, y los novios fueron a la luna de miel. Regresaron del viaje, y pocos días después el marido de Dulcilí le preguntó lleno de inquietud: “Dime, mi vida: ¿ha habido algún antecedente de locura en tu familia?”. “¡Claro que no! -exclama ella azorada-. ¿Por qué supones eso?”. Explica el muchacho: “Es que ya tenemos un mes de casados, y todas las noches vienes a la cama sin nada encima, sólo con ese ridículo sombrerito”... Dos ancianitos estaban platicando en el parque. Se queja uno: “Me siento muy mal; todo me duele; estoy hecho una ruina”. Dice el otro: “Pues yo me encuentro