En la plaza del pueblo estaban dos amigos, el uno oriundo del lugar, el otro visitante. Advirtieron de pronto que venía un individuo astroso, de ojos desorbitados y ropa hecha jirones. El hombre blandía amenazante un gran cuchillo. "-Huyamos -dice el del pueblo a su invitado-. Ese loco le corta los éstos al que tenga más de tres”. "-¿Por qué hemos de huir? -pregunta con extrañeza el visitante-. Yo no tengo más de tres, y supongo que tú tampoco”. "-Te digo que corramos -insiste el lugareño-. El caón primero corta y luego cuenta”... ¡Loco macana! ¡Bárbaro emasculador! Una cosa te digo, desdichado: si te viera venir, aunque fuese a una distancia de 500 toesas (un kilómetro aproximadamente) no esperaría a que me contaras ni las novedades del día. Saldría corriendo con la velo