Una semana después de haber regresado del viaje de bodas el joven esposo sintió ganas de ir con sus amigos. Le dijo a su mujercita: “Voy a salir, mi amor. Iré al bar a tomarme una cerveza”. Ella abrió la puerta del refrigerador y le mostró una variada muestra de cervezas: claras, oscuras, lager, fuertes; de todas. Le dice: “¿Cuál de ellas te abro, cielo mío? Las compré para que veas lo que te quiero”. “Gracias, mi vida -responde él-. Pero en el bar nos sirven la cerveza en tarro previamente helado”. Ella abre la puerta del congelador y saca un tarro bien helado. “Lo puse a helar, amor mío, para que veas lo que te quiero”. “Qué bonito detalle, hermosa -contesta él-. Pero en el bar nos ofrecen botanas muy sabrosas. Ella va y regresa con dos charolas de ricos bocadillos: quesos variados, salm