Avaricio Matatías, sujeto ruin y cicatero, fue llevado ante la autoridad: una mujer del pueblo lo acusaba de abuso sexual. Dijo la acusadora al juez: “Este individuo me llevó a su casa, me emborrachó, y luego obtuvo de mí por fuerza lo que por libre voluntad no le habría dado”. “Ya veo -dice el juez-. ¿Qué clase de licor le dio para embriagarla?”. “Ninguno -responde la mujer-. Me emborrachó dándome vueltas”... En otra ocasión don Avaricio se refociló con una chica de tacón dorado. Al terminar el trance le hizo un cheque y se lo entregó. Le dijo: “Y si la próxima vez lo haces mejor, te lo firmaré”. Otro día le pidieron una aportación para la nueva alberca de la escuela donde sus hijos estudiaban, y ofreció aportar dos tinas de agua)... Himenia Camafría, madura señorita soltera, llegó con un