Afrodisio le dijo algo al oído a Pirulina. “¡Eres un maniático sexual! -prorrumpe ella, enojada-. ¿Qué te hizo pensar que yo sería capaz de hacer semejante cosa?”. Se queda pensando un momentito y luego añade con preocupación: “A menos que hayas leído mi diario”... Simpliciano estaba enamorado de Frufrú. Le contó a un amigo: “Anoche hallé una lámpara en el ático. La froté para limpiarla, y apareció un genio. Me dijo que podía concederme un deseo. Le pedí: ‘Quiero hacer el amor con la Frufrú’. ‘Podrás hacérselo -me respondió-, pero sólo una vez, pues si se lo haces otra vez quedarás encantado para siempre’. Le hice el amor a la Frufrú. Y no una vez: cuatro veces”. Inquiere el amigo, preocupado: “Y ¿quedaste encantado?”. “¡Encantadísimo!”, exclama Simpliciano... Con lo más cordial del corazó