“Comstockery”... Quien busque esa palabra en un diccionario del inglés encontrará que significa: “Censura excesiva de la literatura y otras artes a causa de pretendida obscenidad”. Ese término fue todo lo que quedó de Anthony Comstock, un hombre cuyo retrato estoy mirando ahora. Ceñudo; los labios delgados, casi imperceptibles -así los tienen muchos moralistas-; el enorme bigote en forma de manubrio de bicicleta; el cabello casi al rape, Mr. Comstock es la imagen viva del censor típico del siglo diecinueve. Fue en su tiempo uno de los hombres más influyentes en Estados Unidos. Consiguió que el Gobierno lo nombrara encargado de combatir la obscenidad. Pero nadie había definido qué era obscenidad; qué cosa era obscena y cuál no; de modo que la definición quedó a cargo de Comstock. El problem