EDITORIAL martes 19 de ago 2008, 11:26pm - nota 6 de 9

Kawaghi lloró y lo corrieron

Carlos Loret de Mola A.

Historias de reportero

El boxeador se acercó a la maestra Elba Esther Gordillo y al abrazarla, lloró pidiéndole que le diera un espacio en la dirigencia del Partido Nueva Alianza.

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Lo nombró secretario general, debajo de Tomás Ruiz, quien aguantó estoicamente durante nueve meses como “número dos” a la estrella de las revistas del corazón, a quien incluso el Niño Verde consideraba desafortunado tener entre sus filas (y eso ya es decir un tramo).

Para la lideresa de los maestros y por razones muy íntimas, Jorge Kawaghi Macari es como un hijo. Su debilidad -inusual en una mujer de acero que con un dedo inclina elecciones y cimbra Gabinetes- quedó exhibida cuando al hartazgo de Tomás Ruiz heredó a Kawaghi la dirigencia nacional del Panal, enfrentando asombro e indignación de la cúpula del sindicato de maestros y los legisladores beneficiarios del “uno de tres” en 2006.

A Gordillo le salió caro el desdén por sus cuadros políticos. Enfrentó a partir de ahí varias rebeliones: Miguel Ángel Jiménez, coordinador de su bancada (la del Panal, pues) en la Cámara de Diputados, se entendía directamente con el Gobierno Federal; Rafael Ochoa comenzó a buscar vida propia en la Secretaría General del SNTE; y la estructura del Panal perdió cohesión en mucho también por las ausencias de Elba Esther atribuibles a un grave problema de salud.

Tras ganarle una batalla ruda, rudísima, a la hepatitis, la maestra está de vuelta y quiere poner orden. De entrada, destituyó hace un par de meses a Jiménez de la coordinación parlamentaria, porque declaró el apoyo de su bancada a la iniciativa de reforma a Pemex sin consultar con ella ni pedir nada a cambio al calderonismo.

A Kawaghi ya tomó la decisión de correrlo de la dirigencia nacional del Panal. De consolación le tocará una diputación plurinominal en 2009.

Y de paso, quiere deshollinar su imagen a través de la Alianza por la Educación de Calderón y Vázquez Mota, cediendo sorpresivamente ciertos cotos de poder sindical que parecían impenetrables.

En síntesis, el sueño de Carlos Salinas en mujer: dejar de ser considerada un símbolo de corrupción y pasar a la historia como la gran reformadora. Y entonces, sí, el retiro.

En el camino, Elba Esther teje una alianza con el líder petrolero Carlos Romero Deschamps para presentar una postura conjunta a las iniciativas Calderón y Beltrones. Ninguna satisface a estos dos líderes sindicales.

A ver quién gana la partida. Porque en la ruta, la maestra mantiene bien parados a los suyos: a Campa nada menos que en el Sistema Nacional de Seguridad Pública, Yunes en el ISSSTE, Yáñez en la Lotería y el yerno de subsecretario.

Y Vázquez Mota -a quien Gordillo en entrevista con Raymundo Rivapalacio llamó ignorante- como los alcohólicos, sabe que es “sólo por hoy” y vive al día su Alianza.

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