Difícil es entender a las mujeres. Se pintan el pelo; se tatúan los labios y las cejas; se arreglan la nariz; se restiran la piel; se operan las bubis y las pompas; se ponen pupilentes de color, y luego le dicen al marido con quejumbrosa voz: "¡Ya no eres el mismo hombre con el que me casé!”... Bucolio, ingenuo muchacho campesino, le pidió a don Poseidón, su padre, que le comprara un reloj. "¿Un reló? -se extrañó el viejo-. ¿Y pa’ qué quere m’hijo ese reló?”. Responde el cándido zagal: “Lo necesito pa’ cuando estoy con Eglogia, mi novia”. Insiste don Poseidón: “¿Y qué falta le hace un reló a m’hijo pa’ estar con su novia?”. Contesta el inocente mocetón: “Es que ella empieza a besarme; me hace caricias y me agarra todo. Luego comienza a respirar muy retejuerte y me dice: ‘¡Dámela ora!’. Y y