En su noche de bodas la recién casada estaba algo nerviosa. “¡Mira! -le dice a su flamante maridito-. ¡Hasta me tiemblan las piernas!”. “Es natural -la tranquiliza el novio-. Se van a separar”... Llegó doña Gorgolota a su casa y oyó ruidos extraños en el sótano. Bajó y encontró a su marido rodeado de mujeres despampanantes con las cuales bebía, bailaba y etcétera. Sobre todo etcétera. “¿Qué es esto, Leovigildo?” -le grita hecha una furia. Responde el individuo: “¿Quién te entiende, Gorgolota? ¿No me dijiste que ahora que me jubilé debía buscarme un hobbie?”... Después de examinar a su paciente -una preciosa morena de opimo caderamen- el joven médico le dice: “No tiene usted nada, señorita Granderriére. Solamente necesita un poco de descanso. Vaya a su casa, desvístase y métase en la cama.