Le cuenta un señor a otro: “Tengo una hija que se llama Águila”. “¿Águila? -se sorprende el otro-. No es un nombre muy usual. ¿Por qué se llama así?”. Explica el señor: “Una noche yo quería sexo, y mi señora no. Para decidir si lo hacíamos o no echamos una moneda al aire. Y salió Águila”... Un hombre rico y excéntrico incluyó en su testamento a un rabino judío, un sacerdote católico y un pastor protestante. A los tres les dejó un mensaje que los llenó de confusión. Decía el mensaje: “Ustedes me exhortaron siempre a no dar importancia al dinero. Continuamente me recordaban que no me llevaría nada a la tumba. Quiero probarles ahora que estaban equivocados. Mi abogado entregará a cada uno de ustedes un sobre con un millón de pesos en efectivo. El día de mi sepelio los tres deberán echar ese d