A ese tipo le decían “El Genio”: se aparecía tan pronto alguien abría la botella. Cierto día El Genio llegó a su casa a altas horas de la madrugada. Iba que rodaba de borracho. “¡Cabrísimo grandón! -le grita su mujer hecha una furia-. ¡Te dejé ir a esa reunión con tus amigotes porque me dijiste que era de 8 a 10!”. “De 8 a 10 botellas, viejita” -precisa el temulento... Dulcilí le reclamó a su amigo: “Eres un mentiroso, Pitoncio. Me dijiste que tu coche era convertible, y no lo es”. “Sí lo es -confirma Pitoncio-. Dime: ¿eres señorita?”. “Sí” -contesta desconcertada Dulcilí. Le dice Pitoncio: “Súbete al coche, y te convertiré en señora”... Un reportero escribió al hacer la crónica de un accidente: “... La conductora del automóvil resultó con lastimaduras en las tetas”. Le dice su editor: “Es