El padre Alvino era un gran bebedor. Se jactaba de que no había en toda la comarca mejor catador que él. Con sólo olerlo podía reconocer cualquier vino, y hasta decir el año de la cosecha. Un día sus parroquianos lo pusieron a prueba en la taberna del lugar. Tras vendarle los ojos le acercaron a la nariz una copa de vino. Aspira su aroma el padre Alvino y dice con seguridad: “Tinto. Rioja. Cosecha 1974”. Le acercan otra copa, y declara el padre Alvino sin dudar. “Blanco. Del Rhin. Cosecha 1962”. El tabernero, entonces, hace que una muchacha se le acerque al padre Alvino. Aspira el gran catador el aroma de la chica y dice luego: “Rubia. Ojos verdes. 90-60-90. Cosecha 1985. Y no es de mi parroquia”... La llorosa muchacha le contó a su prometido: “Mi padre se arruinó. Hizo un mal negocio; per