
Fundada en 1971, Viesca alcanzó su mayor esplendor a finales del siglo XIX e inicios del XX, por las calles de este municipio quedaron marcadas las huellas del cura Miguel Hidalgo en su paso a Chihuahua, de don Benito Juárez con el archivo de la nación y ahí sonaron los primeros cañonazos de la Revolución con los magonistas.
Hace un siglo era un oasis, una comunidad próspera y productiva. Pero el agua se acabó y ahora, dice un poblador, a Viesca ‘no llega ni la gripa’.
De los verdes parques, las modernas plazas y la prosperidad económica de un pueblo, sólo quedan los anémicos recuerdos en forma de ramajes secos que parecen rendirse ante el sol del medio día. Solitarias calles por donde ruedan marañas secas de vegetales que se mueren cruzando las acequias sin agua dan testimonio de impotencia. Es solamente parte del paisaje que se vive en el que fuera el municipio más importante de la Región Lagunera, Viesca.
La prodigiosa villa de aguas naturales que se levantaba en medio del desierto lagunero como un pequeño oasis al que llegaba obligatoriamente cualquier vestigio de progreso, ha quedado desplazada