Cuando acabó la guerra volvió el soldado al pueblo. Regresó él solo: su hermano gemelo, con quien fue a combatir, había perecido en la contienda. Otra desgracia sufrió el pobre: un golpe de metralla en la cabeza lo hizo perder la memoria, de modo que no recordaba nada de su vida anterior. Surgió un grave problema: ¿cuál de las dos esposas de los gemelos se quedaría con él y con la jugosa pensión de invalidez que iba a recibir? Las dos lo reclamaron como suyo; cada una invocaba señas de identidad secretas e íntimas, y aportaba pruebas diversas para probar ser la mujer del sobreviviente. No se pudo dilucidar el caso, y entonces las madres de las dos muchachas intervinieron en el pleito, pues ninguna deseaba que su hija fuera la viuda y la otra la afortunada dueña del marido y el dinero. Como