Un vagabundo encontró tirada en la calle una cartera con dinero. Pasó frente a una zapatería y dirigiéndose a sus pies les dice: “Voy a hacerles un regalo, piecitos míos”. Entra y se compra un par de zapatos. Pasa después frente a una tienda de departamentos. Tocándose la cabeza le dice: “También a ti te voy a regalar algo, cabecita mía”. Entra y se compra un sombrero. Pasa luego frente a un restorán y dirigiéndose a su estómago le dice: “Tú también tendrás lo tuyo, pancita mía”. Entra y pide una comida suculenta. Por último pasa frente a una casa de mala nota. Se detiene y hablando hacia su entrepierna dice: “Tú tendrás que perdonarme, bonita. El dinero no alcanza para tanto”... En la habitación del hotel donde pasarán la noche de bodas, la recién casada, ya recostada en el lecho, le dice