EDITORIAL jueves 17 de jul 2008, 8:51am - nota 6 de 10

Centralismo y federalismo

Por: ROBERTO OROZCO MELO


HORA CERO

El centralismo y el federalismo son conceptos políticos opuestos que un día se consideraron viables para estructurar la República mexicana en el álgido, pero debate público que se dio en el siglo XIX, después que la desgastada monarquía española otorgó a México independencia con soberanía y libertad a consecuencia del movimiento insurgente de 1810, hace casi dos siglos.

Dos centurias han transcurrido desde aquellos sucesos y aún se debate el tema con idéntica pasión; es decir con igual sentimiento y calor humano al que antaño usaron para reclamarlo y discutirlo nuestros predecesores, sin que algún Gobierno hubiera atinado a encontrar el “quid” de su resolución. Eso sí: el federalismo y el centralismo no dejan de estar vivos y activos en la palestra pública como encarnaciones jurídicas del diablo: creemos que existe, pero no lo vemos...

¿Y eso por qué? ¿Acaso resulta endemoniadamente difícil decidir entre estas dos alternativas para los Gobiernos democráticos? Casi todos los tratadistas mexicanos sobre Teoría del Estado saben y explican bien que el federalismo responde al pensamiento liberal democrático y el centralismo se explica en función de las sociedades conservadoras y autocráticas. La rijosidad entre quienes abanderan una y otra tendencia es causa originaria de la apasionada disensión histórica entre ambos proyectos políticos.

El martes 15 y el miércoles 16 de julio de 2008 tuvo lugar en Saltillo un “Foro Nacional Temático Sobre Seguridad, Justicia, Desarrollo Económico y Agropecuario” organizado por la Conferencia Nacional de Gobernadores, en el cual, una vez más, brotó el conflicto federalismo versus centralismo, a propósito o paralelo al proyecto que intenta el Senado de la República como “Reforma de Estado”.

La diferencia entre ambos proposiciones reside en el planteamiento franco y directo que hace la Conago sobre la causa de causas de nuestros ancestrales problemas: vivimos un centralismo disfrazado de federalismo. Esto fue claramente señalado por los gobernadores de Sonora y de Coahuila, únicos presentes en este evento, pues el resto de entidades que ahí fueron mencionadas se hizo representar por precavidos funcionarios de segundo nivel.

En la sesión de instalación del citado Foro fue imprescindible que los gobernadores Moreira y Bours evocaran la señera figura del Padre del Federalismo Mexicano, el Chantre del Valle de las Labores, don Miguel Ramos Arizpe, cuando citaron su viril expresión en las Cortes de Cádiz “No he venido a implorar favores ni migajas de la monarquía: la misión que traigo es de honor, no de granjería”, que provocó un largo y entusiasta aplauso de la concurrencia. Y al escuchar las vibrantes arengas de los jóvenes mandatarios fue sensible el recuerdo de la esforzada cabalgata Cuatro Ciénegas –Hermosillo que llevó al gobernador de Coahuila, don Venustiano Carranza hasta la capital de Sonora, para recordar al maderismo en lucha que la revolución que transa tiene poca vida.

Cerca de mí no faltó quien imaginara que Eduardo Bours venía a pagar a Coahuila la visita de don Venustiano de hace casi un siglo, ahora para coincidir con la lucha federalista del gobernador Moreira Valdés.

Las entidades que integran el Pacto Federal Mexicano deberían pugnar con brío por hacer concreto y actuante el espíritu federalista que le dio origen. El centralismo disfrazado de federalismo que hemos vivido en México, no sólo ayer, sino muchos años antes, ha sido una embarrada de atole de agua con el dedo. El Gobierno Federal se mantiene como un poder centralizador de recursos hacendarios, en vez de constituirse en un equitativo distribuidor de facultades jurídicas e ingresos fiscales para los Estados de la República: así los gobernadores de las entidades libres y soberanas dejarían de ser; -dijo el diputado Heriberto Jara en la tribuna del Congreso Constituyente de 1917-; como esos niños inocentes que esperan con ojos lastimeros y mano tendida a que “su papi” –en el caso el Presidente de la República-; tenga a bien darles el “domingo” semanal.

Desbaratar el centralismo funcional que engorda al Gobierno nacional y agobia a los Gobiernos estatales no es tan difícil, pero requiere la unidad de los gobernadores y de los ciudadanos, sin distinción de partidos políticos. En un espectro nacional de 32 gobernadores, parece ridículo que solamente dos mandatarios estatales tuvieran redaños para reclamar justicia en el reparto de atribuciones federalistas y recursos fiscales. La tibieza de los 30 gobernantes pasivos y ausentes es vergonzosa.

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