Cierto pintor contrató a una hermosa muchacha para que le sirviera de modelo en un desnudo que debía pintar. Apenas la chica se colocó en pose, el artista se lanzó sobre ella y la hizo objeto de toda suerte de voluptuosos tocamientos. “Perdona, linda -le dice después de su arrebato-. Algunos pintores pintan lo que sienten; a mí me gusta sentir lo que pinto”... Aquel manicomio era de paga. Un letrero decía: “Los clientes siempre tienen la razón”... El enamorado le dice con vehemencia al objeto de su amor: “¡Pirulina! No soy rico como mi amigo Crésido; no tengo sus condominios, ni sus cuentas bancarias, ni su quinta en Cancún, ni su yate, ni sus tres coches deportivos. Pero te amo sinceramente. ¿Cómo podría probártelo?”. Contesta Pirulina. “Preséntame a tu amigo Crésido”... Mi hija adorada,