Empédocles Etílez llegó a su casa cayéndose de borracho. No atinaba a meter la llave en la cerradura de la puerta. Se acerca el guardia de la colonia y le dice: “Lo que usted tiene en la mano, don Empédocles, no es la llave de su casa: es un supositorio”. “¡Ah caón! -se asusta el temulento-. ¿Entonces dónde ingaos puse la llave?”... Llegó el médico a ver a Babalucas, que estaba enfermo en su casa. Le pregunta: “¿Cómo se encuentra, señor?”. Responde el tonto roque con voz débil: “Levanto las sábanas, y ahí estoy”... Un centenar -o más- de conferencias doy cada año. Todas son para mí una experiencia grata. Recibo de la gente muestras de afecto que me conmueven mucho: su aplauso y sus palabras de bondad me fortalecen. Yo, que a mis 70 años no tomo ningún tónico, tengo en el cariño de m