Un hombre aficionado a las aves compró una lechucita. La llevó a su casa y la puso junto a un perico que tenía. Tan pronto el libidinoso cotorro ve a la lechucita le advierte con voz llena de lubricidad: "-Nomás que el patrón se descuide te voy a follar, preciosa”. La lechucita abre mucho los ojos y hace: "-¡Jú! ¡Jú!”. "-¿Cómo que who, who? -contesta retador el loro-. ¡Yo mero! ¡Y me vale que seas gringa!”... En la madrugada el joven marido llamó por teléfono al doctor: su esposa estaba a punto de dar a luz su primer hijo. "-¿Qué tan separados siente los dolores?” -pregunta el médico al muchacho-. "-No sé, doctor -responde él lleno de nerviosidad-. Creo que todos los siente en la misma parte”... Graves pecados de lesa patria cometemos cada día. Desdeñamos a Mé