Miss Ionary, predicadora protestante, fue a África a llevar a los nativos la buena nueva de que hay un infierno y que todos somos pecadores. Lo primero que se propuso en su celo evangelizador fue enseñar al jefe de la tribu a hablar una lengua civilizada. Salió con él a la espesura y mostrándole un árbol le dijo: “Árbol”. Repitió el cacique: “Árbol”. Le señaló luego una roca y dijo el nombre: “Roca”. Otra vez el aborigen repitió: “Roca”. Unos pasos después la predicadora notó que se movían los arbustos. Los apartó, y junto con el cacique vio a un hombre y una mujer entregados con vehemencia al cumplimiento del más antiguo rito natural. Desconcertada, miss Ionary señaló la escena y dijo al jefe: “Montar en bicicleta”. Entonces el cacique echó mano a su macana y le dio al tipo un formidable