No hay sabiduría más grande que la de la mujer, pues la suya es la sabiduría de la vida. Todas las elucubraciones de los hombres caben en la entrepierna femenina, y ahí desaparecen como cosas inútiles y vanas. ¡Ay de aquel infeliz que no tiene cerca de sí a una mujer que lo aconseje y guíe! Yo de mí sé decir que sin la mía andaría perdido y extraviado, dando tumbos por todas partes, vagando como fantasma enloquecido. Las mujeres saben más que los hombres, porque poseen al mismo tiempo la intuición y las razones prácticas. Por eso la mujer es la mejor economista que en el mundo existe. Comparado con ella el más ilustre experto en ciencias económicas es un simple aprendiz. Lo digo a propósito del aumento que estamos viendo en el precio de los artículos que se llamaban "de la canasta básica".