Había un hombre a quien un hado adverso perseguía siempre. Se llamaba Malsinado. Todas las mujeres a las que cortejó en la ciudad lo mandaron a freír hongos, tan difíciles de conseguir en estas latitudes, si se exceptúan los champiñones. Decidió entonces ir al campo; no a buscar hongos, sino a fin de encontrar la compañera de su vida. Llegó a una granja cuyo propietario tenía tres hijas. Habló con el granjero; le dijo que tomaría por esposa a una de ellas y le pidió su venia para invitarlas a salir una por una. Escogería entre las tres. Así, una noche salió con la primera de ellas: Turnia. Al regresar, el granjero le preguntó qué le había parecido su hija. Con pena respondió el cortejador: “La verdad, está algo (no mucho, nada más un poco) bizquita”. Al día siguiente el citadino salió con