Decía un individuo: "-Entre mi suegra y una foca no hay mucha diferencia. Una tiene una gruesa capa de grasa, es bigotuda y hace mucho ruido. La otra está en el mar”... Empédocles Etílez, el borracho mayor de la comarca, llegó aquel día a su casa cuando el sol asomaba ya las pompis por los claros balcones del Oriente. Su esposa, hecha una furia, se negaba a dejarlo entrar en el domicilio conyugal. "-Ábreme, viejita” -empezó a suplicar Empédocles con tartajosa voz-. "-Ni mádere! -le respondió la señora usando una delicada indirecta para no lastimar su sensibilidad-. ¡Dormirás en la calle, por borracho!”. "-¡Ábreme, viejita, por favor! -siguió deprecando el temulento-. ¡Te traigo una sorpresa!”. A las mujeres, ya se sabe, les gustan las sorpresas, aunque ya estén ente