Un negro -todavía no se les llamaba afroamericanos- iba por un camino en cierto estado del sur de Estados Unidos cuando le salió al paso un hombre blanco que le apuntó con su rifle. “Dame todo el dinero que traigas” -le ordenó al morenito. Éste sacó una bolsa con monedas y la entregó con mano temblorosa al asaltante. “Ahora lárgate” -le dice éste. “Señor -ruega con suplicante voz el negro-. No me quite ese dinero. Es de mi iglesia”. “Di que te lo robaron” -sugiere el otro. “No me lo van a creer -responde el negro-. Pero se me ocurre una idea”. Así diciendo se quita el sombrero y le pide al ladrón: “Hágale dos agujeros de bala a mi sombrero. Así pensarán todos que los ladrones me atacaron a balazos”. El blanco accede y con sendos balazos agujerea el sombrero de su víctima. “Me creerán mejor