Un oso bajó de la montaña y entró en una casa de las afueras. Con muchos trabajos el señor logró meterlo en el cuarto de la criadita, y encerrarlo ahí. Esa noche la muchacha llegó tarde de su paseo dominical, y entró sin encender la luz para no despertar a sus patrones. Al día siguiente les contó, llorosa: “El amigo del señor me hizo seis veces el amor anoche, y ni siquiera se quitó el abrigo”... Una señora fue a jugar golf en el club. Hizo el primer hoyo, y se disponía a jugar el segundo cuando una abeja le picó en el cuello. El dolor fue tan intenso que suspendió su juego y fue a buscar ayuda. Encontró al profesional del club, y le contó que una abeja le había picado. Pregunta el hombre: “¿Dónde?”. Responde ella: “Entre el primer hoyo y el segundo”. “Ya veo -dice el profesional con tono