Ella dijo que quería hacerlo con la luz apagada. Él se opuso: lo harían con la luz encendida. Ella, entonces, procedió a desvestirse. Él la miró sin ropa y dijo: "Pensándolo bien tienes razón: mejor vamos a hacerlo con la luz apagada"... Él iba en un poderoso convertible rojo. Ella iba en un vochito. Él se pasó un alto y fue a chocar contra el vochito de ella. Baja él de su automóvil y contempla el cochecito de la muchacha, arruinado. "Lo siento -dice-. Pero tú tuviste la culpa". "No vamos a discutir -responde ella-. Debemos dar gracias a Dios de que los dos salimos ilesos". "Sí -vacila él-. De cualquier modo la culpa fue tuya". "Quizá tienes razón -admite ella-. Pero sigo viendo en esto una señal de Dios. Creo que no debemos pelear, ni llamar a la policía. Arreglemos este asunto entre nos