Pirulina fue a confesarse con el padre Arsilio. Le dice muy apenada: "Me acuso, padre, de haber dicho que tiene usted cara de indejo". "No te preocupes, hija mía -le responde el buen sacerdote-. Sigo las enseñanzas de Jesús, y perdono a quienes me hieren con la calumnia o la maledicencia". "Disculpe, padre -aclara Pirulina-. Eso que dije de usted podrá ser maledicencia, pero calumnia no es". "Igual perdono -repite el padre Arsilio-, y no guardo rencor por la ofensa recibida. Nuestro Señor nos ordena amar a nuestros enemigos, y hacer el bien a quienes nos ofenden. Yo te perdono. De penitencia reza diez padrenuestros, diez avemarías, y ve mucho a tiznar a tu madre"... En otra ocasión el padre Arsilio fue a la ciudad, y tuvo antojo de comer algo ligero. Entró en una tienda de conveniencia y l