"El señor tiene razón. Pero no mucha. Y la poca que tiene vale madre". Creo que en esa frase puede resumirse el debate sobre el tema del petróleo. Si la discusión fuese hecha de buena fe, con ánimo sincero de encontrar caminos para que ese recurso natural favorezca a los mexicanos sin arriesgar el bien de México, cabría esperar resultados plausibles de la argumentación. Pero sucede que los participantes tienen cada uno su punto de vista ya determinado, y en general no se están aportando juicios, sino prejuicios, y no más. Nadie estará dispuesto a reconocer que la otra parte tiene la razón, y a renunciar a su postura. Hay de por medio muchos intereses, tanto de índole económica como política, y ni el dinero ni el poder ayudan mucho a resolver cuestiones que tienen que ver fundamentalmente c