El Obispo está triste. ¿Qué tendrá Su Excelencia? En la misa de pronto se le va la conciencia, y divaga sin rumbo cuando dice el sermón. El Obispo está pálido en su silla dorada; tiene mustio el semblante, la mirada extraviada, y en su mano es el báculo como un débil bastón. El vicario general de la diócesis hace venir a un médico famoso, y el eminente facultativo ausculta al dignatario. Al terminar emite su diagnóstico: "El señor Obispo es víctima de un acentuado surmenage. Sufre un estado depresivo que lo tiene abatido, postrado, decaído, agobiado y esturdido". "Me lo explico -dice el vicario-. Trabaja demasiado". Replica el médico: "El cuadro melancólico de Su Excelencia no se debe al trabajo. Todos los síntomas indican que padece una orquidalgia parotídica derivada de su falta de activ