Yo no soy un columnista objetivo. Y Dios me libre de serlo alguna vez: si fuera un comentador objetivo eso querría decir que había renunciado a mi subjetividad, es decir a lo que soy. Yo me encuentro de cuerpo y alma presente en todo lo que escribo; estoy ahí con mi ser -con mis seres- y con mi circunstancia, o sea con lo que traigo en mí desde antes de nacer y con lo que la vida, el mundo y todo lo demás -y todos los demás- han puesto en mí. Eso sí: procuro ser un columnista subjetivo bastante objetivo. En eso no hay contradicción. Aspiro a que mi yo no suprima el yo de mis semejantes; quiero respetar sus personas y sus pensamientos; reconocer lo valioso que hay en ellos y no excluir en el trato con ninguno -con ninguno- esa esencial fraternidad que a todos los humanos debe unirnos. Por e