Torreón jueves 1 de may 2008, 8:47pm - nota 4 de 17

MIRADOR

ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN)

Éste era un barco que encalló en la isla. Después de navegar por todo el mar de este mundo -los hombres dicen que son siete, pero es solamente uno-, aquel barco fue a quedar quieto en la playa, al lado de las palmeras femeninas y de los sándalos que perfuman con sólo que alguien diga su nombre en algún lado.

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Y sucedió una cosa: al barco le gustó la tierra. Sus maderas empezaron a echar raíces, y bien pronto brotaron hojas de los mástiles. Sus jarcias se cubrieron de extrañas flores y de raros frutos que nadie jamás había mirado, pero cuya belleza era inefable, como inefable también era su dulzor.

Este cuento nos dice una verdad. Y más verdades hay en sólo un cuento que en todas las historias. He aquí esa verdad: los barcos son árboles que se van. No conocen la quietud; por eso no dan fru


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