Al término de un largo viaje aquel señor llegó a su casa a horas de la madrugada. Cuando entró en la alcoba conyugal vio a su mujer durmiendo plácidamente al lado de un desconocido. Montó en cólera el esposo -era lo único en que podía montar-, y profirió exaltados gritos y ululatos que despertaron al amasio y a la pecatriz. El marido tomó al hombre por las solapas de la piyama y empezó a zarandearlo con violencia al tiempo que le decía, furibundo: "¡Canalla, miserable, descastado; infame, sinvergüenza, descarado; bribón, villano, ruin!". Preguntó el otro: "¿Me lo dice a mí?". "¡A usted se lo digo, sí señor!" -bufó el esposo. Y al rebufar seguía zamarreando al individuo agarrándolo por la piyama. En eso interviene la señora: "Ten más cuidado, Corneliano. Es tu piyama nueva"... Susiflor le c