Venía de Tequila. Es presumible entonces que viniera entequilado. Eso podría explicar por qué Emilio González, Gobernador de Jalisco, desbarró en un acto de contenido humanitario en el cual dijo palabras de carretonero. Aunque don Juan Sandoval Íñiguez, Príncipe de la Iglesia, haya justificado sus expresiones -una buena limosna lo justifica todo-, lo cierto es que no fueron dignas de un gobernante, ni estuvieron a la altura del pueblo tapatío y jalisciense. Hizo bien, por lo tanto, don Emilio en ofrecer una disculpa por sus majaderías. Yo no les doy tanta importancia. Las mentadas de madre, afirma la sabiduría popular, son como las llamadas a misa: el que quiere va, y el que no quiere no va. A mí lo que no me pareció fue la cuantiosísima suma que González distrajo del erario para darla com