¿Cuántos chistes podrían narrarse que tienen como protagonistas a curas que pecan -en el mejor de los casos- con mujer? Recordemos el cuento del padre Incapaz, que las hincaba y ¡paz! O el de la forastera que buscaba en el pueblo a un tal Pacorro, pues le habían dicho que era gran amante, y resultó que no era el tal Pacorro, sino el párroco. O aquél de la esposa que no tenía hijos: alguien le dijo que se embarazaría si rezaba 10 avemarías, pero otra señora le aconsejó que mejor fuera con el padre nuestro, pues así había quedado ella embarazada. Es infinito el número de historias, imaginarias y verdaderas, de curas que faltan al sexto y al noveno mandamientos. Yo soy católico. Creyente, no practicante. Y soy casado. Practicante, no creyente. Aunque indigno, amo a la Iglesia en cuyo seno nac