Una granjera invitó a su amiga a que la acompañara a comprar un toro. El vendedor les enseñó varios. La granjera reparó en un toro de triste aspecto que estaba en un rincón del corral. "-Ni lo vea, señora –le aconseja el dueño de los animales-. Ese toro es inservible. No cumple su función con las vacas, con ser esa función tan agradable”. La señora ofreció por el animal un precio vil, y lo compró. Entonces tomó una piedra, y con ella le rascó una oreja al toro. Para sorpresa de todos, al instante el animal cobró vigor increíble y animación sin límites. Ipso facto dio buena cuenta de seis o siete vacas, y si su antiguo propietario no se hubiera alejado con prudencia habría conocido también el nuevo vigor del animal. Pasados unos días la granjera se encontró con el marido de la s