En una tienda de ropa íntima para dama apareció este letrero: "¡Pantaletas Promesa! ¡No son lo mejor, pero están cerca de lo mejor!"... El curita recién ordenado iba a confesar por primera vez. Nervioso, le pidió a su párroco que observara la confesión que iba a hacer, y le dijera luego si había impartido bien el sacramento. Llegó una linda muchacha; el curita oyó sus pecados y le dio la absolución. Al terminar el rito el novel sacerdote le pidió su opinión al superior. "Vamos a ver, hijo -le dice éste-. Cruza los brazos y apoya en una mano tu mentón". Obedece el curita. "Ahora -le pide el párroco-, di estas palabras: ‘¡Alabado sea el Señor! Prosigue’". Repite el joven presbítero: "¡Alabado sea el Señor! Prosigue". "¿Verdad, hijo -le dice entonces el párroco-, que hacer y decir eso es mejo