
Ante su alto valor proteínico, científicos han creado productos comestibles con estos animales; no obstante, las actuales normas sanitarias frenan su comercialización.
Aun cuando los científicos sostienen que los insectos aprovechados en alimentos pueden combatir la desnutrición de la población mexicana y ser fuente de ingresos adicionales para los campesinos, las normas sanitarias del país impiden esa posibilidad, por lo que estos pequeños animales seguirán sin ser aprovechados y acabando con cerca de 20% de los cultivos mexicanos.
Mientras la Unión Europea analiza la posibilidad de permitir la comercialización de estos productos, y la FDA de Estados Unidos los aprueba y sólo estipula que los alimentos elaborados con insectos deben producirse bajo un control de calidad, los legislado