Recordemos el caso de aquel señor que llegó a la consulta del sicólogo. Le preguntó a la recepcionista: "¿Está el p-sicólogo?". Y al hacerlo enfatizó la pe. "Todavía no llega" -le indica la muchacha. Y luego, con un dejo de pedantería, lo corrige: "Y la pe no se pronuncia". "Está bien -responde el individuo-. Cuando llegue dígale que vino -edro -érez, el que no se la -ara la -icha"... Hay un eufemismo para designar el problema que padecía ese señor. El tal eufemismo es "disfunción eréctil". No es lo mismo decir: "Anoche estuve con una chica, y no se me...". Que decir: "Anoche estuve con una chica, y sufrí un episodio de disfunción eréctil". Los eufemismos, en efecto, constituyen una parte muy útil -y muy linda- del lenguaje. Son medias palabras muy corteses para no pronunciar verdades muy