Don Senecio, maduro caballero, designaba a su esposa con un extraño apodo. Le decía "La bicicleta". Alguien le preguntó una vez: "¿Por qué llamas ‘La bicicleta’ a tu mujer?". Respondió el añoso señor muy afligido: "Puedo subirme en ella, pero no le puedo dar"... El tío rico enfermó de gravedad. Un médico les dijo a sus sobrinos que el paciente debía ser sometido de inmediato a una operación quirúrgica. La intervención se llevó a cabo. Sale del quirófano el facultativo, y muy apenado les informa a los sobrinos: "Lo siento mucho. Hicimos todo lo que pudimos, pero el señor vivió"... Moisés subió al Monte Sinaí. Ahí Yahvé le entregó las Tablas de la Ley. Leyó Moisés los diez mandamientos, especialmente el sexto y el noveno: "No fornicarás" y "No desearás la mujer de tu prójimo". "Señor -pidió-