Susiflor trabajaba de cajera en un banco, y se casó con uno de los clientes de la institución, señor de cierta edad. A las pocas semanas de casada invitó a merendar a sus antiguas compañeras de trabajo. Le preguntó una de ellas: "¿Cómo se porta don Pigmecio?”. Responde Susiflor: "Lo mismo que en el banco: capital muy pequeño; depósitos muy de vez en cuando y retiros muy rápidos”... Una viejita estaba tejiendo en su sillón cuando de pronto se le apareció una hada. "Puedo concederte tres deseos” -le dice. "¿Ah, sí? -exclama la ancianita, escéptica-. A ver: convierte en oro este sillón”. El hada madrina toca el mueble con su varita de virtud, y al punto el sillón se convirtió en un reluciente montón de oro. "Ahora -dice la viejita ya más convencida- conviérteme a mí en una linda muchacha de 2