Dulcilí, muchacha ingenua, le dice al rijoso galán que la asediaba: "Desespere usted, Pitoncio: nunca podrá llegar a mi corazón”. "Le aseguro, Dulcilí -responde el salaz tipo- que no es mi intención llegar tan arriba”... La señora Madana subió a pesarse en la báscula del baño. Desde la cama le pregunta su marido: "¿Quién dijo: ‘¡Ah caón!’? ¿Tú o la báscula?”... "A ver, Pepito -pregunta la maestra del jardín de niños-. ¿Cómo se llama el esposo de la vaca?”. "Buey” -responde sin vacilar el tremendo infante-. "-No -lo corrige la maestra-. El esposo de la vaca se llama toro”. "-Perdone, maestra -se disculpa Pepito-. Yo pensaba que el toro era el amante”... Dice un proverbio campirano: “Con dinero, agua y tractor cualquier pendejo es agricultor”. Yo, que no soy ajeno a la tierra -de ella estoy